En esta obra las fresas son las protagonistas, la dulzura visual y la poética del lenguaje se encuentran en un diálogo sutil entre lo matérico y lo simbólico. Esta pieza, dominada por tonos suaves de rosa, lavanda, blanco y carmín, es una evocación delicada a los sentidos, al juego y al imaginario pop.
El título, inscrito en el propio lienzo con la palabra “STRAWBERRY”, sugiere desde el inicio una experiencia sensorial que remite al sabor, al color, a la niñez o incluso al amor ingenuo. Palabras como “LET IT BE” o “THE ONE” emergen entre las capas pictóricas con una tipografía tenue, casi susurrada, construyendo una narrativa ambigua entre la música, el deseo y la nostalgia.
Formas orgánicas se entrelazan con patrones repetitivos y zonas de color plano que recuerdan etiquetas, paquetes o ilustraciones comerciales reinterpretadas desde un lenguaje íntimo. La pintura se convierte así en un palimpsesto emocional donde se superponen referencias personales y colectivas, tanto visuales como verbales.
La obra opera como una cápsula estética y afectiva: una mezcla entre arte abstracto y diseño emocional, entre la espontaneidad y la composición cuidada. Hay algo lúdico, pero también melancólico, en su disposición formal. La paleta suave y la fragmentación textual invitan a una lectura pausada, casi táctil, de lo que podría ser una memoria encapsulada o una sensación sin tiempo.
A modo de resumen, Strawberry es un juego visual entre la palabra y el color, pero también un homenaje a los pequeños placeres cotidianos. En esta obra, continúo desarrollando un lenguaje plástico que combina poesía visual, abstracción emocional y una mirada profundamente humana hacia lo cotidiano. Con dulzura y sofisticación, planteo una pausa, un momento para saborear la belleza sencilla y sutil que habita en lo efímero.

Acrílico sobre lienzo: 80x80cms
1.650 euros
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