«Fly» es una composición abstracta cargada de energía y de movimiento que logra una resonancia poética a través de recursos visuales mínimos y una paleta cromática cálida y envolvente. Es una obra que logra articular emoción, movimiento y abstracción con algo de cartografía emocional, de danza interna, es un tránsito desde lo interno hacia lo abierto. El lenguaje es íntimo pero abierto e invita no solo a entender, sino a sentir, a seguir el trazo con la mirada y dejar que el cuerpo lo complete desde dentro.
El título funciona como clave de lectura: invita a pensar en esta pieza como un acto de elevación, de escape, de impulso y transformación. El trazo rojo es el deseo de trascender los límites del cuerpo, y las marcas gráficas los restos y señales de ese intento, no en el sentido literal, sino espiritual, emocional y/o mental.
Dos formas principales, trazadas en rojo intenso, se elevan desde la parte inferior de la obra, ascendiendo con un gesto casi coreográfico. El trazo serpenteante, circular y libre sirve para crear una idea de ascenso, de vuelo, incluso de liberación, como si de zancadas gigantes o alas abstractas se tratara. El trazo rojo es vital, es visceral, es una extensión emocional del cuerpo.
Los tonos predominantes que he usado son los amarillos y los naranjas cálidos, para evocar no solo luz, también vitalidad y expansión. Se contraponen con rojos intensos, que irrumpen como fuerzas internas, y pequeños bloques de azul que van a servir como puntos de anclaje o equilibrio. La armonía cromática refuerza la sensación de calidez, pero también de dinamismo interno.
Pequeñas marcas gráficas —triángulos, líneas discontinuas, puntos, formas sueltas— crean una suerte de código visual o lenguaje simbólico, que señalan rutas, latidos, mapas internos. Las líneas punteadas y curvas sirven para crear una narrativa de trayectorias, caminos o vuelos, para reflejar un registro abstracto de un impulso vital.

Acrílico sobre lienzo. 100x100cms. Obra sin montar en bastidor.
1.850 euros

