Strawberry

En esta obra las fresas son las protagonistas, la dulzura visual y la poética del lenguaje se encuentran en un diálogo sutil entre lo matérico y lo simbólico. Esta pieza, dominada por tonos suaves de rosa, lavanda, blanco y carmín, es una evocación delicada a los sentidos, al juego y al imaginario pop.

El título, inscrito en el propio lienzo con la palabra “STRAWBERRY”, sugiere desde el inicio una experiencia sensorial que remite al sabor, al color, a la niñez o incluso al amor ingenuo. Palabras como “LET IT BE” o “THE ONE” emergen entre las capas pictóricas con una tipografía tenue, casi susurrada, construyendo una narrativa ambigua entre la música, el deseo y la nostalgia.

Formas orgánicas se entrelazan con patrones repetitivos y zonas de color plano que recuerdan etiquetas, paquetes o ilustraciones comerciales reinterpretadas desde un lenguaje íntimo. La pintura se convierte así en un palimpsesto emocional donde se superponen referencias personales y colectivas, tanto visuales como verbales.

La obra opera como una cápsula estética y afectiva: una mezcla entre arte abstracto y diseño emocional, entre la espontaneidad y la composición cuidada. Hay algo lúdico, pero también melancólico, en su disposición formal. La paleta suave y la fragmentación textual invitan a una lectura pausada, casi táctil, de lo que podría ser una memoria encapsulada o una sensación sin tiempo.

A modo de resumen, Strawberry es un juego visual entre la palabra y el color, pero también un homenaje a los pequeños placeres cotidianos. En esta obra, continúo desarrollando un lenguaje plástico que combina poesía visual, abstracción emocional y una mirada profundamente humana hacia lo cotidiano. Con dulzura y sofisticación, planteo una pausa, un momento para saborear la belleza sencilla y sutil que habita en lo efímero.

Acrílico sobre lienzo: 80x80cms

1.650 euros

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+34 676 270 652

david@garciarincon.com

Nadie es perfecto

La obra está inspirada en un objeto que había en la puerta de la casa de mis padres, se trataba de una pequeña chapa ovalada de color rojo y borde blanco sujeta con dos tornillos a los lados. En ella rezaba una frase «NADIE ES PERFECTO». 

En ella, me sumerjo en la imperfección como espacio de libertad. “Nadie es perfecto” no es una excusa, sino una declaración: una forma de abrazar los errores, los bordes mal recortados, las emociones que no encajan del todo. Aquí no hay espacio para la corrección; todo es parte del proceso, incluso lo que podría considerarse “mal hecho”.

Visualmente, esta pieza nace del rojo: visceral, humano, casi como si se tratara de un grito. Lo mezclo con tonos naranjas, amarillos cálidos y blancos que cortan y permiten abrir luz. Me interesa cómo estos colores vibran juntos, cómo generan tensión, calor, ruido. No busco la armonía, sino el contraste, el latido.

Las palabras que aparecen (“STOP”, “NO 47”, “PERFECTO”, “SILENT”) están ahí, algunas semiocultas, susurradas, otras gritadas, como si la superficie hablara en múltiples capas. Me gusta pensar que la pintura es también un texto que se lee con los ojos y se interpreta con el cuerpo y directamente sobre el lienzo para que mis pensamientos queden ahí, sin filtro ni corrección ortográfica: crudos, directos, humanos.

Los patrones —escamas, puntos, repeticiones— me ayudan a estructurar el caos, pero no a controlarlo. Nada aquí es decorativo: todo tiene una función emocional o simbólica. Es una obra que nace desde la duda, desde la aceptación de que estamos llenos de fisuras, y que precisamente por eso podemos ser verdaderos.

Acrílico sobre lienzo. 81x100cms

2.150 euros

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david@garciarincon.com

The Pink Kat

The Pink Cat no es solo un gato rosa, es una actitud. Esta obra nace del juego, la ironía y una cierta necesidad de provocar con el color. “The Pink Cat” es un personaje feroz y tierno a la vez, que sintetiza una energía primaria, casi punk, donde el rosa no es un color suave sino un grito visual.

La figura central se construye en capas, patrones, manchas y palabras repetidas como ecos internos: PINK, FFF, MIIHHH… Todo en esta obra está hecho para que el espectador no tanto piense, sino sienta. Que se ría, que se inquiete, que se deje llevar.

Los colmillos blancos, el ojo amarillo, las texturas infantiles y los ritmos visuales componen una especie de tótem contemporáneo. Este gato, aunque parezca de cómic o juguete, muerde. Porque a veces el arte también necesita mostrar los dientes con una sonrisa.

Acrílico sobre lienzo. 100×100 cms

No disponible

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david@garciarincon.com

El mar

En esta obra he querido profundizar en los colores verdes marinos, combinados con dos formas de tonos anaranjados que si bien representan la flora y fauna marina, también son desde un punto de vista más crítico, una llamada a la sensibilización sobre el más que necesario cuidado del patrimonio natural marino. No obstante, la obra “El mar” es una pieza vibrante que conjuga lo lúdico, lo simbólico y lo gráfico desde un lenguaje profundamente personal. Realizada en acrílico sobre lienzo, es una invitación a sumergirse en una escena onírica donde la línea, el color y la palabra se entrelazan en una narrativa abierta, sensorial y emocional.

«El mar» no representa solo el mar como entidad paisajística, sino como estado emocional. La obra evoca ese espacio líquido y simbólico donde flotan la memoria, la introspección, la libertad y la imaginación. El uso del título no es descriptivo sino evocador: el mar como espejo interior, como territorio de transformación y juego.

Las figuras centrales —similares a una mano y un animal híbrido— se inscriben en una atmósfera azul verdosa que sugiere lo acuático y lo etéreo a la vez. Estas formas son icónicas, casi infantiles, y funcionan como tótems personales o signos arquetípicos, acentuando el carácter introspectivo y simbólico del conjunto.

El uso del acrílico es versátil: desde planos densos y opacos hasta zonas de transparencia y texturas sutiles. Para añadir un nivel de intimidad y espontaneidad al proceso pictórico he usado trazos de grafito o lápiz superpuestos en algunas zonas

Predomina una estructura vertical donde las dos grandes formas naranjas equilibran la composición, con un movimiento ascendente que contrasta con las curvas y elementos colgantes (gotas, escalas). El plano pictórico está dividido con un sistema de capas y segmentos, que remite tanto al collage como a la construcción de mapas emocionales o mentales.

La paleta está dominada por verdes azulados y turquesas, contrastados por un naranja vibrante aplicado a las figuras principales. Este contraste complementario refuerza la visibilidad de las formas y sugiere una interacción entre lo interno (mar/turquesa) y lo externo (ser/forma naranja).

Palabras como “EXPLOSIÓN”, “LIBERACIÓN” aparecen integradas al espacio pictórico, no como mensaje literal sino como pulsaciones poéticas. La tipografía y los signos propios de mi estilo (escamas, gotas, líneas curvas) conforman una especie de alfabeto personal, entre lo decorativo y lo expresivo.

Las superficies naranjas están cubiertas con un patrón de círculos o puntos, generando una textura que recuerda a lo táctil, a lo orgánico. En el fondo, trazos curvos y líneas repetidas aluden a olas, escamas, lluvia o vibraciones acuáticas, construyendo un ritmo visual envolvente.

Acrílico sobre lienzo. 81x100cms

1.850 euros

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david@garciarincon.com

Buenos días

Es un obra cargada de optimismo y vitalidad. Trata del saludo y de las sensaciones, generalmente positivas, que provoca en mismo momento en que se hace, tanto el que realiza la acción como el que la recibe. Las tramas y manchas de color intensas se yuxtaponen con líneas y textos para generar expectativa y diálogo, en un debate sobre la visión particular que tenemos individualmente, cada uno de nosotros sobre el mundo. Los colores azul, amarillo y rojo ayudan a generar tres estados de ánimo diferentes

Acrílico sobre lienzo. 65×81 cms

950 euros

Fly

«Fly» es una composición abstracta cargada de energía y de movimiento que logra una resonancia poética a través de recursos visuales mínimos y una paleta cromática cálida y envolvente. Es una obra que logra articular emoción, movimiento y abstracción con algo de cartografía emocional, de danza interna, es un tránsito desde lo interno hacia lo abierto. El lenguaje es íntimo pero abierto e invita no solo a entender, sino a sentir, a seguir el trazo con la mirada y dejar que el cuerpo lo complete desde dentro.

El título funciona como clave de lectura: invita a pensar en esta pieza como un acto de elevación, de escape, de impulso y transformación. El trazo rojo es el deseo de trascender los límites del cuerpo, y las marcas gráficas los restos y señales de ese intento, no en el sentido literal, sino espiritual, emocional y/o mental.

Dos formas principales, trazadas en rojo intenso, se elevan desde la parte inferior de la obra, ascendiendo con un gesto casi coreográfico. El trazo serpenteante, circular y libre sirve para crear una idea de ascenso, de vuelo, incluso de liberación, como si de zancadas gigantes o alas abstractas se tratara. El trazo rojo es vital, es visceral, es una extensión emocional del cuerpo.

Los tonos predominantes que he usado son los amarillos y los naranjas cálidos, para evocar no solo luz, también vitalidad y expansión. Se contraponen con rojos intensos, que irrumpen como fuerzas internas, y pequeños bloques de azul que van a servir como puntos de anclaje o equilibrio. La armonía cromática refuerza la sensación de calidez, pero también de dinamismo interno.

Pequeñas marcas gráficas —triángulos, líneas discontinuas, puntos, formas sueltas— crean una suerte de código visual o lenguaje simbólico, que señalan rutas, latidos, mapas internos. Las líneas punteadas y curvas sirven para crear una narrativa de trayectorias, caminos o vuelos, para reflejar un registro abstracto de un impulso vital.

Acrílico sobre lienzo. 100x100cms. Obra sin montar en bastidor.

1.850 euros

Natural

Es una obra donde predominan los colores negro y rojo sobre un fono de color azul claro y beige que se van fusionando. La figura central quiere representar una sensación más que una forma, una actitud ante la vida. Como en la mayoría de mis obras hay frases y palabras sueltas, que en este caso sirven para ayudan a crear una atmósfera agradable.

La obra está a medio camino entre la abstracción expresiva y el arte urbano, articula un lenguaje visual lleno de capas, tanto físicas como simbólicas. “Natural” no se refiere tanto al concepto de naturaleza en su sentido tradicional, sino a lo crudo, auténtico, visceral. Es una colisión de emociones, símbolos y palabras que generan un campo visual cargado de energía y contradicción. La obra se construye como un mapa emocional, un diario codificado en el que se cruzan la memoria, la palabra, el color y la intensidad.

La obra contiene veladuras y contrastes abruptos. Hay una aplicación mixta entre manchas amplias y líneas dibujadas, con una marcada presencia del dibujo a mano alzada, similar al grafiti o caligrafía automática.

En «Natural» color es protagonista: el rojo profundo, el negro y los tonos beige o azules empolvados conviven en tensión. El contraste entre zonas densas (como la forma negra central) y otras más etéreas crea un efecto de colisión emocional, reforzado por la palabra “CRASH”.

El texto es parte integral de la obra, no decorativo: “LOVE”, “CRASH”, “NATURAL”, “BEAUTIFUL WORLD”, “DREAMS”… Las palabras funcionan como puentes emocionales y algunas frases se disponen de forma fragmentada o críptica (“DON’T BE STUPID”, “NO 47”, “SESENTA Y NUEVE”), provocando lecturas múltiples y abiertas.

Como parte de mi estilo, los lunares, las gotas, las letras, los números, me permiten crear tramas visual de capas simbólicas. Por ejemplo, la repetición de formas simples como los círculos, gotas o letras me permiten crear cierto orden dentro del caos.

“Natural” es una especie de obra catártica, donde colisionan emociones contradictorias. Amor y ruptura, belleza y dolor, palabra y silencio. En ese sentido, se puede percibir una clara influencia del expresionismo contemporáneo, de la estética del collage urbano o del arte outsider, pero con un control compositivo maduro en cuanto al manejo de los lenguajes visuales se refiere.

La idea no es sólo contemplar la obra, es interactuar con ella, intentando descifrar qué ocurre, qué se siente o qué significa, de esta manera, la obra deja de ser una imagen para convertirse en un experiencia.

Acrílico sobre lienzo. 100×81 cms. Obra sin montar en bastidor.

1.650 euros

Vida

“Vida” es mi grito alegre, un canto visual a la energía vital que nos atraviesa incluso cuando todo parece desordenado. En esta obra decidí rendirme al color como pulsación interna, como emoción sin filtros. Usé tonos cálidos y vibrantes —amarillos, rojos, rosas— para convocar esa fuerza que nos invita a bailar, cantar, saltar, sentir.

Los fragmentos tipográficos que atraviesan el lienzo no están ahí como decorado; son comandos, impulsos, pequeñas órdenes del alma: “BAILA”, “RÍE”, “SUEÑA”, “SALTA”… Quería que la pintura se sintiera como un cartel improvisado de la vida misma, donde la alegría no es un estado pasivo, sino un acto de resistencia y movimiento.

Las escamas que se repiten al centro —unas oscuras, otras rojas, algunas rosas— remiten a algo orgánico, como un corazón, un latido, o incluso un vestido de fiesta. Es una textura que guarda memorias, palabras importantes: “peace”, “respect”, “no drugs”. Pequeños manifiestos escondidos entre capas de color.

Todo en esta pieza está en juego: la forma, el ritmo, la tipografía, la espontaneidad. Y sin embargo, hay un orden emocional que une todos los elementos como una coreografía interna. “Vida” no es una obra para observar con distancia: es una invitación a sumarse al baile. A saltar. A gritar. A vivir.

Vida es una obra que se percibe como un manifiesto visual de entusiasmo, lucha y optimismo. Invita no solo a contemplar, sino a interactuar emocionalmente. Su impacto reside en la mezcla de sencillez visual con profundidad simbólica. Es una pieza que podría iluminar cualquier espacio y mover interiormente a quien la observe.

Acrílico sobre lienzo. 100x81cms.

1.450 euros

Tiempo

«Tiempo», es un obra en la que predominan los tonos rojos principalmente. Las manchas de color se funden con las líneas, tramas y letras. Sobresalen algunas palabras y frases intencionadas que permiten establecer un diálogo más directo con el espectador e invitan a una reflexión profunda.

Acrílico sobre lienzo: 120×120 cms

2.450 euros

Caramelos de la esperanza

En esta obra titulada Caramelos de la esperanza, continúo con mi ya personal lenguaje visual lleno de símbolos, palabras y estructuras abstractas que apelan a las emociones esenciales del ser humano. El rojo intenso domina la composición y se convierte en el eje cromático del mensaje: es un rojo que no remite a la agresividad, sino a la energía interna, al latido vital, a la pasión transformada en ternura.

El título se despliega visualmente en la obra, intencionadamente, como una frase casi infantil: “Caramelos de la esperanza”, lo que remite tanto a lo dulce como a lo frágil, a ese consuelo emocional que viene en dosis pequeñas, como alivio o recompensa simbólica. Las palabras “sueño”, “hope”, “esperanza”, escritas en distintos tamaños, posiciones y estilos, se funden con patrones gráficos, líneas blancas, puntos y manchas, configurando un territorio emocional abstracto, pero profundamente evocador.

La obra parece hablarnos de los elementos mínimos que sostienen la esperanza en lo cotidiano: lo efímero, lo pequeño, lo que alimenta “el corazón y los días”, como lo sugiere la frase que aparece al borde izquierdo. Hay un guiño constante a la niñez, al juego, a lo sensorial. Las formas redondeadas y las líneas suaves equilibran los bloques más densos de color, generando una armonía entre lo conceptual y lo instintivo.

Valoración estética

Color y composición: Predominancia del rojo en distintas gamas que se complementa con tonos blancos, rosados, ocres y verdes oscuros. La paleta transmite calidez y emoción sin caer en el exceso. La distribución del color es equilibrada, creando movimiento sin perder cohesión.

Texto e imagen: Integro la palabra como elemento pictórico, usando diferentes idiomas y orientaciones para generar múltiples capas de lectura. Esto invita al espectador a detenerse, explorar, y encontrar significados personales.

Estilo y lenguaje: aunque mantengo una coherencia estilística con el resto de mis obras, aquí trato de introducir un tono más íntimo, casi nostálgico, menos euforia y más contemplación.

Conclusión

Caramelos de la esperanza es una obra de profunda sensibilidad poética que transforma lo abstracto en experiencia emocional. A través del color, la palabra y la textura, invito a una reflexión sobre la importancia de lo pequeño, lo simbólico, y lo esencial en tiempos de incertidumbre. Esta pieza es un refugio visual para el alma, y al mismo tiempo, una afirmación luminosa de que la esperanza puede habitar incluso en las cosas o aspectos más pequeños.

 

Acrílico sobre lienzo. 51,5×71,5cms

850 euros